Es verdad que hay una serie de poderosos que fomentan y potencian el sistema capitalista. Los hay. Pero hoy el capitalismo es un mounstro con entidad propia. Se crió un gran cuervo que no duda en comernos los ojos a todos, y la única posibilidad de cambiarlo está en la capacidad de conciencia y organización de la mayoría. Es por eso que cuesta tanto, y que no alcanza con terminar con el poder económico concentrado.
Dividamos al mundo en dos, según la ley del 80-20:
20% de los poderosos: tienen una enorme influencia en la expansión de los efectos negativos del capitalismo. Si este 20% desapareciera, el capitalismo se encargaría de tomar gente del resto, para volverlos en poco tiempo parte de los nuevos poderosos. Así de perverso es.
80%, el resto: viven endeudándose con la vida, con las cosas simples, de esas que se disfrutan sin más, para actuar en pos del progreso. El progreso es, en un principio, satisfacer las necesidades básicas, y en una segunda y peligrosa instancia, lograr más y más confort. Comodidades que se pagan hoy en día dedicándole más tiempo al trabajo en detrimento del disfrute de la vida. El sistema te da más, pero te esclaviza más. Nuevamente, así de perverso es.
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