Cuando la cosa se pone triste, los instrumentos lo sienten, y lo sienten
peor que uno... La guitarra sufre con los acordes menores que suenan y
suenan sin dejarle ni un lugarcito a la alegría de un Sol mayor. Y el
cajón, que de sus propios sonidos no conoce más que la alegría, se muere
de indiferencia.
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